Organizadas para salir adelante
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Formar cooperativas ha sido una buena oportunidad para mujeres de Somotillo

 

Gabriela BenavidesHace 16 años Salomé Padilla lavaba y planchaba ropa ajena para ganarse la vida en su natal Somotillo, municipio de Chinandega. Enfrentaba una situación difícil ante la separación temporal con su marido, la falta de un techo propio y la crianza de su hija y tres hijos.

 

Pero gracias a la recomendación de una amiga, Salomé tocó las puertas de un nuevo proyecto productivo sólo para mujeres: la Planta agroindustrial de nuez de marañón, impulsado por el Centro para la Investigación, Promoción y el Desarrollo Rural y Social, conocido como Cipres.

 

“Fue en 1995. Ese día me levanté oscuro, lavé ropa, dejé cocinado y me fui a las oficinas del proyecto donde estamos ahora”, nos relata Salomé. Al llegar le advirtieron que era un trabajo duro, donde primero tenían que limpiar el lugar y arrancar el monte con las manos.

 

Convencida de que el esfuerzo sería recompensando, aceptó. Junto con 19 mujeres más terminaron llenas de lodo y picadas de hormigas, pero felices de enfrentar un nuevo futuro. Salomé confiesa que no fue fácil adaptarse, pues al principio en la planta vio unos maquinones que la llenaban de miedo: eran los hornos donde se tostaba la semilla del marañón.

 

“Poco a poco aprendimos todo el proceso de la producción orgánica sin químicos y el procesamiento industrial de la semilla o nuez del marañón. Además de sembrar las plantas, acopiamos la semilla, luego se cuece al vapor para que suelte su propio aceite, se quiebra la cáscara para obtener la nuez, se pone al horno, se limpia la cascarita, se pone a tostar y finalmente la empacamos en sus diversas presentaciones”, nos resume Salomé.

 

Pero el aprendizaje fue mayor, asegura, ya que además de los conocimientos técnicos, se apropiaron del proyecto y reflexionaron sobre cómo ir más allá para desarrollarse económicamente y hacer una empresa que se sostuviera sola. “Comenzamos como un colectivo de mujeres y luego, con apoyo del Cipres, nos planteamos la posibilidad de formar una cooperativa para conseguir más logros”, nos cuenta.

 

Y así nació la Cooperativa Agroindustrial Unión de Mujeres de Somotillo, conocida como Coopemus, de la cual Salomé ahora es su presidenta.

 

Los alcances

 

El marañón es una fruta que se da bien en esta zona seca ubicada al occidente del país, en la frontera con Honduras. “Además de ofrecer alternativas económicas a las mujeres, de paso también se va reforestando la zona, ya que se ha promovido que gente de la zona lo produzca y se les compra la semilla”, nos cuenta Irma Ortega, responsable de proyectos del Cipres.

 

En la planta trabajan 20 socias de la cooperativa y dan empleo temporal a 20 mujeres más. La semilla se vende bajo la marca Delicias de Occidente en tres presentaciones: sabor natural, salado y con chile, que venden a 110 y 120 córdobas la libra. Ellas mismas se encargan de comercializar sus productos tanto dentro como fuera del país.

 

En estos años han conseguido financiamiento para comprar 17 manzanas de tierra en las que ahora siembran plantas de marañón y algo de frijoles y maíz. La semilla de marañón obtuvo la certificación orgánica de la organización internacional Biolatina y cuentan con licencia y registro sanitario acorde con las leyes nacionales.

 

“Cuando la venta está buena procesamos 40 quintales de marañón, lo exportamos a Costa Rica y España, en ferias y empresas nacionales, le vendemos a algunas gasolineras y a supermercados de Somotillo y Chinandega”, nos explica Salomé. Aunque aclara que como todas las empresas, hay temporadas mejores que otras, pero que lograr mantenerse es un éxito en sí.

 

Otros costos

 

Además, esta mujer de más de 40 años nos cuenta que aceptar este reto tuvo sus dificultades personales, ya que hasta tuvieron que lidiar con el qué dirán de la gente del pueblo. “Algunas mujeres no tenían aprobación del marido o quién les cuidara a sus hijos; las criticaban diciendo que eran vagas que dejaban a su familia por irse a trabajar fuera”, nos detalla Irma y confirma Salomé.

 

Organizarse les ha traído muchos cambios en sus vidas, nos dice Salomé, y no sólo porque se independizaron económicamente. Esto se lo deben en parte a los talleres de sensibilización donde han participado no sólo ellas, sino también sus parejas.

 

“Antes los maridos no las dejaban hablar, ni salir, ahora son ellas las que deciden en sus casas, superaron el miedo hasta de hablar en público”, nos asegura Irma.  Salomé no deja de pensar en aquel día que llegó a su casa, rendida, y como de costumbre ofreció comida primero a su marido y luego a sus cuatro hijos. Sólo había arroz y frijoles. Al observar el contenido del plato, el hombre lo aventó al suelo y le reclamó.

 

“Me molesté tanto que no la pensé dos veces para regresárselo y me paré firme frente a él, ahí me di cuenta que ya no le tenía miedo”, recuerda Salomé. Que su marido se integrara  a los talleres sobre género y autocuido que da el Cipres, les ha ayudado a cambiar poco a poco las cosas dentro del hogar.Salomé cuenta que un día hasta la asustó al recibirla con comida caliente. “Él ahora cocina, lava y me espera con un bocado”, nos dice esperanzada. “Yo gano mi dinero y decido en qué gastarlo, es más, mi marido no sabe ni cuánto gano. En la casa todos aportamos y yo organizo en qué se va a gastar. Al final todo el mundo queda contento”, nos asegura Salomé.

 

“Mantener la cooperativa no es fácil, pero sabemos que la unión hace la fuerza. Así salimos adelante compartiendo nuestras metas para cambiar nuestra forma de vida. Entre todas intercambiamos experiencia y conocimientos para crecer como personas”, finaliza Salomé.

 

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Otra experiencia de Cooperativa

 

Esas lecciones estuvieron presentes hace más de ocho años cuando se juntó con 10 mujeres más de la comunidad Rodeo Grande, ubicada a 10 kilómetros de Somotillo. “Queríamos sembrar ajonjolí y arrancamos sin ser una cooperativa”, nos cuenta Miriam. Pero más adelante vieron que organizadas podían conseguir mejores oportunidades y formaron la Cooperativa de Mujeres de Rodeo con 40 miembras de la zona y de la cual Miriam es su presidenta.

Con pocos recursos económicos pero con voluntad y decisión, Miriam y sus compañeras buscaron financiamiento de 2 mil córdobas para cada una y compraron semillas para hortalizas que sembraron en 10 manzanas de tierra. Esa deuda fue honrada sin contratiempos.

A otro nivel

La Cooperativa comenzó como un proyecto y ahora forma parte de la Central de Cooperativas Multisectorial de Mujeres de  Somotillo, conocida como Cecomuso. Ahí están mujeres productoras de  sorgo, maíz, trigo, ajonjolí; además apoyan a pulperas o mujeres con pequeños negocios facilitándoles crédito para la compra de mercadería.

“Muchas vencieron el miedo a trabajar en labores no tradicionalmente femeninas por la necesidad, la crisis económica, salieron de ese pensamiento en el que muchos hombres dicen que la mujer es nada más para trabajar en la casa y tener hijos”, nos cuenta Miriam.

La cooperativa de Rodeo vende a la Cecomuso sus productos. “Cada socia tiene su producción, juntamos todo, pero a cada quien se le paga por su producto y sabe cuánto debe ser su ganancia”, nos explica Miriam.

“Además de trabajar juntas y organizadas tenemos espacios de reflexión sobre nuestros derechos, tenemos ganancias económicas a la vez que aprendemos a respetarnos. Poco a poco venimos haciendo conciencia de esos derechos y no permitir que nadie los viole. También fomentamos que las propiedades estén a nuestro nombre”, nos asegura Miriam.

Organizadas y convencidas de que tienen derechos, Miriam y Salomé han impulsado proyectos para salir adelante en todos los aspectos. La mujer que quiera ingresar a cualquiera de las cooperativas lo puede hacer, el único requisito es las ganas de trabajar y superarse, nos dicen.

Ambas están conscientes de que las mujeres organizadas crean fortalezas y oportunidades para crecer. Su experiencia lo ha confirmado, han enfrentado al machismo y demostrado que las mujeres también son capaces de desarrollar sus ideas y emprender proyectos.

 

Usemos la ley

 

Es importante que sepamos que existe la Ley 717, Creadora del Fondo para Compra de Tierras con Equidad de Género para Mujeres Rurales, en la que se reconoce el derecho de la mujer a la propiedad, la igualdad y derecho a vivienda digna. La ley beneficia a mujeres  de escasos recursos económicos y sin tierra en cualquier parte rural del país. Podemos acudir al Banco Produzcamos de nuestras localidades si estamos interesadas.

 

Todas son apoyadas por el Cipres y también han estado en procesos de reflexión sobre género, es decir la forma en que nos han enseñado a ser mujeres y hombres dentro de la sociedad. Incluso están pendientes de ayudar a mujeres que viven violencia y fortalecerlas para que no sigan aguantando.

 

Para contactarlas…

 

Cooperativa Agroindustrial de Mujeres de Somotillo, Salomé Padilla Tel. 8975-9677  Correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla y Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla   Dirección: Km. 195 carretera Panamericana, frente a gasolinera Shell, Somotillo. Página web: maranonorganico.org/pages/coopemus.html

 

Cooperativa de Mujeres de Rodeo, Miriam Sánchez  Tel. 8742-5154•

 

Cipres: Irma Ortega  Dirección: de la rotonda Rubén Darío, 1c al oeste, contiguo a la UNI, Managua. Tel. 2277-5068 Correo: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla * Página web: http://www.cipres.org.ni/

 

¿Cómo se puede enfrentar el machismo? es una pregunta que Miriam Sánchez comenzó a responderse desde los años 80, cuando se organizó en una cooperativa mixta y criticó las prácticas injustas que no aplicaban por igual a mujeres y hombres. “A ellos les prestaban más dinero para producir, aun cuando nosotras pagábamos la misma cuota por pertenecer a la cooperativa”, nos cuenta Miriam.

 

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